Pages

  • Inicio
  • Sobre mí

Los ojos son ciegos, hay que buscar con el corazón

    • Última entrada
    • Entrada más antigua
    • Instagram

    Nunca me había pasado nada igual. Toda mi cultura, toda mi identidad y todo mi cuerpo tambalearon cuando descubrí lo que hay en ti. Varios ojos se encontraron con los míos aquel día y yo, fascinada, no podía dejar de mirar, reteniendo en mi memoria todo lo que podía sobre aquellas miradas. Hasta que, de todos esos ojos, me fijé en unos en concreto. No sé si conseguiré explicar lo que sentí y lo que ha ido creciendo dentro de mí, pero voy a intentarlo. 

    Mi mirada se detuvo y se congeló durante un segundo: lo suficiente como para pararme el corazón y no matarme en el acto, lo suficiente como para que nadie se diera cuenta, pero también lo suficiente como para tenerme aquí escribiendo. Mis pupilas tropezaron con las tuyas y ya no se pudieron levantar porque se encontraron con un magnetismo de color metálico con purpurina y lentejuelas que las atrapó eficazmente. Quizás soy osada, pero no se me ocurriría faltar a la verdad. Y mi cuerpo no miente. Mirarte fue como entrar en un museo por primera vez y que absolutamente todo me llame la atención. Pensé que sería admiración, curiosidad, ganas de explorar más sobre tu mundo, y lo que acabé encontrando fue mi propia fascinación ante la más pura elegancia que ha pisado justo delante de mis pies. Todo lo que yo he experimentado, todo lo que yo voy pregonando, todo aquello que mi piel, mis dedos y mi boca han saboreado se ha tambaleado. Te veo hablar, te veo moverte, te veo acercarte, te veo actuar, te veo brillar, te oigo cantar, te observo... Me has hechizado. Eres una persona extraordinaria y tu glitter no es lo único que brilla con fuerza en ti. 

    Tu carisma, tu temple, tu voz, tu risa, tu vestido, tu camisa, tu maquillaje, tus ojos entrecerrados. Lo he retenido todo dentro de mi cabeza y ahora soy capaz de verte de todas tus formas. Tú, la única persona que me ha hecho llorar en público y que me ha hecho soñar de muchas maneras. La persona que ha puesto patas arriba todas mis teorías y que ha puesto a temblar todos mis esquemas con su presencia llena de amabilidad y pureza. Me has fascinado desde el momento en el que mi mirada se tropezó con la tuya y mi cabeza se ha puesto en marcha para sumergirme en una fantasía que ni yo misma conocía. Cogerte de la mano fue como un chorro de energía, sentir que se creaba un puente entre mi corazón y el tuyo y llegar un poco más a ti. No sabes lo mucho que me has dado, la parte de mí que has encajado sin darte cuenta siquiera. Y no sé hasta cuándo esta fascinación me tendrá soñando, pero sé que es real y que genuinamente ha nacido de las grietas más escondidas de mi interior. No puedo dejar de mirarte y de admirarte, porque eres grande y mi luz sigue a la tuya. Si te hubiera conocido en otra vida, puede que me hubiera casado contigo. No lo sé. Sólo tengo claro que tienes algo que yo jamás voy a olvidar, porque eres una tormenta silenciosa, algo que ves venir sin llegar a imaginar que dentro lleva pura electricidad. Eres el encuentro perfecto entre la humildad y el éxito, entre la amabilidad y el verdadero talento. Tu capacidad para destacar hagas lo que hagas me hace feliz y me vuelve loca. 

    Conocerte ha sido toda una aventura, de esas que no buscas para que llegue antes. Yo, personalmente, seguiré caminando por la calle con mis cascos y mis ojos atentos, explorando esto que siento, dejándolo fluir y arder en mi pecho. No lo entiendo muy bien, pero tampoco quiero hacerlo. Sólo sé que existe y eso es lo que hace que valga la pena. Eres el ejemplo perfecto de que los ojos son ciegos y que, por ello, hay que buscar con el corazón. Es curioso porque no has dejado preguntas en mi cabeza, sino una de las mayores certezas de esta vida tan misteriosa: el amor tiene muchas formas y se ve mejor a través de muchos ojos.

    Continue Reading

    Hace tiempo miraba al espejo y veía a una persona de dudosas intenciones. No sabía si podía confiar en ella porque no me terminaba de gustar, no emanaba luz y, sin embargo, tenía muchos rincones bañados en sombras. No importaba qué gesto tuviera ni qué movimiento hiciera, no había seguridad en ella. Y a pesar de todo eso, esa figura seguía ahí cada vez que yo clavaba los ojos en el espejo. Nunca se iba y nunca iba a hacerlo. Fue entonces cuando aprendí que se pueden arreglar muñecas rotas, que se pueden corregir los gestos torcidos y que las cicatrices son pentagramas con las notas de una canción del pop más vivo de los 80. Un día volví a mirar hacia el espejo y esa figura me devolvió la mirada. Una chica guapa y un chico guapo que me miraban con seguridad, con ganas y con deseo. Desde entonces, siempre veo esa mirada... Cada vez que busco mi reflejo. 

    Hacía mucho que nadie me seducía así, recorriéndome con la mirada como si cada parte de mi cuerpo fuera de un sabor diferente e irresistible. Ese chico tan guapo me está mirando y yo estoy dejándome descubrir. Ya no es una figura con sus rincones ensombrecidos lo que veo; emana tanta luz que puedo ver con claridad de qué están hechos sus sueños. Y fue por aquellos días en los que aprendí que podía ser lo que quisiera, fue por todas las identidades posibles dentro de mí, fue por aquella amistad que una noche de verano me confesó que también veía a la chica y al chico del espejo. Por todo esto empecé a ver más allá de mí y de las identidades limitadas que este mundo me ofrecía, un mundo que se me quedó pequeño y que reinventé de la mano de almas como la mía. 

    Mírales, mírame; brillamos con luz propia y somos quienes queremos ser. Cada vez que reconozco esta sensación en alguien más, caigo sin remedio en su hechizo y vuelta a empezar. No soy mujer ni soy hombre, soy los dos y no soy ninguno. Mi luz es de muchos colores y lo que hay entre mis piernas solo tiene un nombre: el tuyo. Mi auténtico yo me pedía salir a martillazos y yo solo escuchaba el eco de unos golpes que sonaban lejanamente encerrados. Pero fue suficiente. Comencé a volar, y lo hice tan alto que pude visitar el principio y el final del arcoíris, al que le tomé prestados seis colores para adornar mi traje y para pintar mis alas. 

    Yo solo soy yo, y me gusta ser yo contigo. Así que dime, ¿te gustaría que fuera tu chica o tu chico?

    Continue Reading

    En mis sueños siempre ha estado presente ese lugar que nadie más conoce, allí donde los árboles cantan y la hierba te acaricia a cada paso que das. Allí donde la gente vive al principio y al final del arcoíris y los tesoros son de los colores del cielo. Mamá, yo he estado allí decenas de veces. Quizás por eso no hay un solo día que no desee estar en mi propio País de las Maravillas donde las hadas tocan instrumentos de cuerda y los duendes bailan al anochecer. Es más bonito que cualquier cosa que hayas visto porque ese lugar está hecho de la magia que le falta a este mundo y que les sobra a los corazones como el mío. Quiero ver otra vez ese lugar, allí donde hay que ser muy valiente para ir por primera vez... y muy niña para volver. Porque solo la niña interior de la mano de su zorro sabrá guiarte entre los agujeros de gusano para burlar al tiempo y al espacio. En ese lugar los días son aventuras y los paseos se dan por las nubes. No te puedes caer porque allí aprendes a volar y el agua y la tierra danzan a tu alrededor. 

    Quiero volver, mamá. Quiero regresar al lugar al que pertenezco, porque mi país está hecho de nubes y mi bandera es ese arcoíris en el que viven los sueños de los que está hecha la primavera. Criaturas de todos los tamaños y colores que despiertan con el sol y cuyos corazones no duermen nunca. Y al caer la noche, vuelta a empezar: vienen las hadas con sus violines y violas, los gnomos con sus tambores y los conejos blancos confiesan que saben hablar. En el agua se refleja la luz que emite el polvo de las hadas y el pantano está feliz otra vez. He ido muchas veces a esas fiestas y he bailado hasta caer rendida, riéndome como solo una niña puede y sintiendo lo que solo una niña siente. Allí la lluvia está hecha de cristal que brilla al tocar la tierra y los valles susurran mi nombre cuando el ocaso tiñe sus paisajes de un naranja acogedor. No sabes bien, mamá, lo que sentí cuando descubrí que las hadas se han ido a un lugar donde nadie tiene que creer en ellas para que existan. Solo quieren tocar su música en la fiesta del pantano para alegrar los corazones de todas las criaturas que con ellas viven. 

    Quiero volver allí donde hay que ser valiente para ir y muy niña para regresar. Cuando cierro los ojos, los valles siguen llamándome y las luces del polvo de hadas reflejadas en el agua adornan mis sueños y me levantan las comisuras sin darme cuenta. Y sigo pensando en ellos, en que esta noche probablemente los duendes, gnomos, hadas y gigantes están bailando en esa fiesta como cada vez, esperando por si vuelvo a cruzar la madriguera. Ojalá sigan esperándome, porque esa melodía compuesta de fantasía la llevo tatuada en el alma y no hay noche que no desease formar parte de esa fiesta en el pantano, rodeada de hadas que cuentan historias que los humanos ni siquiera hemos sido capaces de imaginar.

    Continue Reading

    Hoy quiero cerrar una herida devolviéndole la mirada al vacío, quizás para demostrarme a mí misma que no puedo arreglar las cosas, pero que sí puedo hacer que se calmen dentro de mí. Hoy quiero que se haga cicatriz lo que creía que ya lo era. Hoy quiero entrar en el castillo armada con una flor y liberar al dragón en lugar de darle muerte. Hoy me gustaría escribiros como a mis queridísimas enemigas. 

    Las cosas buenas vienen de tres en tres, pero nadie te avisa de que esto solo es una frase. Me la jugué y me salió mal, pero mi corazón sigue vivo porque la vida también vibra al estrellarse contra la pared. Mi piel está hecha de calor, la vuestra de acero. Mis sueños de algodón, los vuestros de ceniza. Hubo un tiempo en que el universo retorció la propia naturaleza de las cosas para que pudiéramos encajar y reír por la misma broma, para que pudiéramos bailar y que pareciera que escuchábamos la misma música. Teníais la sonrisa bonita, llena de besos que aún no nos habíamos dado y llena de historias que para mí se quedan. Y el corazón... lleno de hollín que salía por vuestra boca. Me llenasteis los ojos de noviembre y su agradable frío y me hicisteis un nudo en la garganta con sabor de febrero. Vuestras bocas siguen en mis recuerdos, vuestras manos también, y probablemente todo lo que os gusta o lo que dijisteis aquel día. Y no me malinterpretéis, no me duele. Ya no. Sin embargo hoy he querido lanzar un grito al abismo y ahogar el eco que siempre me devuelve. 

    Y por eso hace tiempo que las tres furias se apagaron. Y por eso escribo esta carta a mis queridas enemigas, a mis más estimados sueños a la mitad. Porque las cosas sin acabar hacen enfermar al corazón y crean interrogantes que se cuelan por los cristales agrietados de mi habitación. Porque el vacío que me devolvía la mirada me recuerda mucho a seis pupilas que con atención antes miraba. Mentiras de color marrón, verdoso, gris. Hubo un tiempo en que mis manos cogieron las vuestras sin miedo de tocar lo inerte y con la seguridad de que no sería para siempre. Aunque me temo que yo creí de algún modo que podría durar. Mi sonrisa estaba hecha de la luz que se refleja en el agua, centelleando, y la vuestra escondía un telón que a menudo se cerraba sin aplausos. Y seguro que la esencia de mis labios sigue pegada en ese telón. 

    Fue como un sueño echar la cabeza en tu pecho vacío de todo lo que el mío alberga. Fue un cuento de hadas oler tu colonia y el olor de tu propio cuerpo buscando el mío. A veces, sigo volviendo atrás cada vez que un trozo de hielo me roza la piel y vuelvo a sentir el agradable frío de noviembre colándose por mis comisuras. Me gustó escuchar tu corazón latir porque, a pesar de todo, también eres humana. Si tus ojos mentirosos no hubieran sido un laberinto y la punta de tu lengua no hubiera estado mojada en veneno... Hoy, he querido despedirme de mis sueños perdidos. Otra vez. La oscuridad que lleváis bajo las costillas no me dejó permanecer más tiempo mirando al vacío. Nunca quise seguir perdida en mitad de la niebla sin ver tan siquiera mis propias manos. Siempre necesité un poco de vida, pero a día de hoy sigo sin saber muy bien de qué estáis hechas. 

    Hay quien cuenta hasta tres para calmarse y hay quien cuenta tres errores para aprender. Tres increíbles errores que, a veces, sigo recordando.

    Continue Reading

    Cuando escucho una canción que me gusta, que me emociona, que me envuelve, que me excita o que me hace soñar, mi mente y mi cuerpo se ven alterados y ocurren cosas que, a veces, incluso son perceptibles si sabes mirar. 

    Apenas me he puesto los cascos y ya estoy sonriendo porque en mi cabeza lleva todo este rato sonando la melodía que me tiene tan obsesionada. Me he pasado unas cuantas horas imaginando cosas con esa canción dentro de mí. Le doy al play. 

    Ya no estoy en la cama ni tengo sábanas que cubran mi cuerpo. Mi sonrisa se ha dibujado con la perfección más genuina y traviesa que puede expresar mi cara y empiezo mi aventura. Sólo he escuchado las primeras notas y ya estoy bailando en algún garito de Madrid en el que suena esta canción. Noto cómo mi cuero cabelludo se eriza y toda esa piel se transforma en la máxima expresión de todo lo que corre por mis oídos hacia mi propia alma. La música acaricia mi cerebro y lo que me imagino termina por tomar el control. Mis ojos se aprietan y se reducen a dos líneas horizontales y pequeñas que dejan ver una hilera semioculta de pestañas. A veces acabo llorando por pura emoción, porque mi cuerpo no aguanta más y necesita expresarlo con agua y sal. Otras veces me da por sonreír tan fuerte que me duelen los pómulos. Esos pensamientos, esas historias que están hechas de momentos que sí han ocurrido y también de los que me gustaría que ocurrieran me están volviendo loca de felicidad. Cada nota, cada golpe suena entre sien y sien y yo canto la letra moviendo mis labios pero reprimiendo el sonido de mi propia voz. Se me pone la piel de gallina y me toco una mano con la otra buscando un poco de cobijo entre tanta intensidad. No sé cómo una canción puede hacerme sentir tanto, pero es como acariciar las nubes, como estar a unos cuantos pies de la cama que sostiene mi cuerpo. La música me hace pensar en ti, en envolverme contigo en alguna esquina alejada y privada en la que bailemos y nos besemos con los ojos, en la que nos demos la mano y nos vayamos acercando cada vez más y más. Me voy excitando y mi pecho se infla, elevando mi cuerpo un poco. Sigo sonriendo con los cascos puestos y me muerdo los labios de pura emoción. Estoy bailando en muchos sitios diferentes con esta canción de fondo y estoy besándote en cada rincón de la discoteca o de la habitación. El corazón me late con fuerza, con esa que me falta cuando no experimento la transformación que me provoca la música. Aprieto los puños y pongo un brazo encima de mi frente, cruzando mi cara. Tengo calor y mis caderas se mueven levemente debajo de las sábanas, como locas por echar a bailar en horizontal encima de aquella cama, anhelando quizás algo más que bailar. 

    Cuando escucho música y sueño despierta, mi cuerpo sufre una transformación que va desde la piel erizada hasta los puños apretados y la sonrisa resplandeciente, chivata de lo que me pasa por dentro. Hay melodías que me hacen volar y trasladarme a otros momentos, a otros escenarios... A cosas que han pasado y a cosas que... aún no.

    Continue Reading

    Estoy hecha de momentos. Estoy hecha de vida que encuentro entre las grietas de la monotonía, como esa flor que crece en el asfalto, resaltando por su pureza y su determinación. 

    Estoy hecha de que me guiñes el ojo, de que me cojas la mano sin miedo, de que me abraces por detrás y me rodees el cuerpo, de que me digas que no puedes perderme, de que me señales como a tu persona favorita, de que te rías y me pegues después, de verte aparecer en coche, de ONE de Calvin Klein, de taparte la boca cuando no quiero escucharte y que tu risa se ahogue en la palma de mi mano, de decirte que voy a echarte de menos, de confesarte que te habría besado aquel día, de que me digas que se te hace raro no dormir conmigo, de tus chistes absurdos y tremendamente graciosos, de nuestra conexión al bailar, de bailar para conectarnos... Estoy hecha de momentos que alimentan mi alma y la llenan de luz. 

    Estoy hecha de que me digan que soy importante en sus vidas, de que me den todo el amor que llevan dentro sin miedo a lo que piensen, de que me pongan el paraguas encima sin haberlo pedido, de un "qué bien hueles", de que me esperen cuando llego tarde y se rían otra vez, de que me besen -mucho y bien-, de una buena canción a gritos, de una mirada prohibida, de complicidad muda, de ganas de saltar para ver qué hay abajo... 

    Estoy hecha de amar y de que me amen.

    Continue Reading

     Lo que tiene que ser será igualmente. 


    Comprendí el significado de esta frase hace no mucho. Al principio, parece algo que todo el mundo entiende, algo que han visto en las películas y que digieren sin problema para luego plasmarlo en Instagram. Sin embargo esta frase esconde un significado mágico que explica el funcionamiento del mundo y creo que no muchas personas se han percatado. 

    Bajo mi punto de vista, lejos de haber un destino escrito por algún ser divino que se vaya a cumplir, las cosas tienen su plan y se van desarrollando entorno a su propia naturaleza. Cada cosa está asentada sobre unos cimientos cuya naturaleza determina cómo va a ser todo. Las energías conviven y se entrelazan dependiendo de su naturaleza y es determinante que sean semejantes. Cuando encuentras una energía, una realidad parecida a la tuya es cuando empiezas a formar vínculos. Y ahí es cuando no se puede evitar que lo que tenga que pasar, pase, y lo que tenga que ser, sea. 

    He sentido la química y la fusión con almas parecidas a la mía... A veces, idénticas. Y es algo que no se tiene que rescatar ni empujar de ninguna manera. Quieras o no, la conexión nace, se produce, y las cosas empiezan a encajar bajo ese plan secreto. Ruedan en cualquier dirección, pero lo importante es que no se detienen porque han nacido de la manera más genuina que existe y eso es de lo que están hechos los vínculos. Y esa es, además, la explicación de por qué algo perdura en el tiempo. Las personas se encuentran y sus energías conviven, bailando al son del sonido que hacen los engranajes al encajar. Las historias que nacen solas, solas avanzan y solas se mantienen. 

    Y por esto es tan poderosa aquella frase, porque explica muchísimo más de lo que en un principio se ve, porque habla de lo inevitable, de aquello que, si se da, ya nadie lo puede parar. Yo he sentido la química y la conexión que nacen de una mirada o de un pensamiento y a día de hoy no he descubierto nada con una fuerza semejante. Hoy puedo entender la ley de la atracción. Por fin puedo comprender hasta qué nivel lo semejante se atrae y hasta qué punto lo que tiene que ser, será. 

    Yo seguiré siendo con lo que estoy destinada a ser, seguiré sonriendo con quien esté destinada a sonreír y seguiré encontrando a quienes están destinados a encontrarse conmigo, pues el destino no es un libro escrito hace milenios, sino la naturaleza encontrando el lugar perfecto en el que fusionarse con la vida.

    Continue Reading
    Newer
    Stories
    Older
    Stories

    Virginia Ayuso

    Photo Profile
    Virginia Ayuso

    Escribir para conocerme, para curar y para dar nombre a lo inefable

    Redes sociales

    • twitter
    • instagram

    ARCHIVO

    • agosto 2025 (1)
    • julio 2025 (1)
    • marzo 2025 (1)
    • septiembre 2024 (1)
    • marzo 2024 (1)
    • octubre 2023 (2)
    • septiembre 2023 (1)
    • julio 2023 (4)
    • junio 2023 (2)
    • mayo 2023 (2)
    • mayo 2022 (7)
    • marzo 2022 (3)
    • enero 2021 (1)
    • julio 2020 (2)
    • junio 2020 (1)
    • marzo 2020 (2)

    Created with by BeautyTemplates | Distributed By Gooyaabi Templates

    Back to top