No sé en qué momento me vi perdida en mitad de la niebla sin un solo punto de referencia al que acudir para encontrar el camino de vuelta. Solo recuerdo estar rodeada de gente que caminaba a mi lado y, en algún momento que no llego a recordar, perderme en un espeso gris que ni siquiera me dejaba ver mis pies. Me miro al espejo y veo pasado, montones de situaciones que me hacen apretar los dientes y volver a desear que la tierra me trague. Estoy frente al espejo con una pregunta rebotando en cada rincón de mi cabeza. No sé en qué momento llegué a esto. Siento ira corriendo por mis venas que acaba en mi corazón, y prefiero la ira a la nada, a esos momentos de niebla, de silencio, de vacío... Yo había crecido, yo había renacido a lo ave fénix.
Y aquí estoy otra vez.
Ya no recordaba lo que era sentir que te han arrancado lo que sea que llevemos dentro las personas, lo que es sentir que ahora en tu interior caben tres elefantes porque tienes una grieta que no puedes rellenar, lo que se siente al caminar como si el suelo te absorbiera los pies y tuvieras fantasmas sentados sobre tus hombros. No encuentro el camino a casa con todo este gris rodeándome. Supongo que así es como suena el vacío cuando la vida ya no hace ruido. Solo hay silencio. Estoy sola. Se han apagado todas las luces, hasta ese pequeño candil que siempre está encendido por si me pierdo y cuya luz parece que siempre está buscándome. No veo nada. Me miro al espejo y prefiero, sin duda, la ira. Prefiero sentir y romper con todo para limpiarme. Miro mis manos... Me estoy convirtiendo en lo que odio. Empieza la metamorfosis y mi alma cambia y siente cada eslabón de la cadena que la ahoga sin saber de dónde ha salido esa cosa metálica ni si la sujeta alguien. Quizás mi luna llena fue un punto de inflexión que no acierto a recordar. Quizás fueron varios puntos de inflexión que me hicieron perder la cordura. No me di cuenta, no vi que las personas que caminaban conmigo estaban desapareciendo y que el suelo volvía a absorber mis pies.
Este momento de mi vida se ha convertido en un espectáculo cruel y me ha arrastrado al escenario en contra de mi voluntad. Hoy mis demonios se atrevieron a salir a bailar. Hubo un momento en que jamás miraba atrás si no era para agradecer lo que hoy era. Hubo un tiempo en que fui feliz y estable. Jamás me habría abandonado así... Yo no. Se ha apagado la voz de la infancia, de las aventuras que ocurrían en mi mente con buena música en mis oídos, de las cervezas al sol, de los viajes no corporales en momentos conmigo misma... Necesito a la chica que no se rendía jamás.
¿En qué momento me perdí?
Y aquí estoy otra vez.
Ya no recordaba lo que era sentir que te han arrancado lo que sea que llevemos dentro las personas, lo que es sentir que ahora en tu interior caben tres elefantes porque tienes una grieta que no puedes rellenar, lo que se siente al caminar como si el suelo te absorbiera los pies y tuvieras fantasmas sentados sobre tus hombros. No encuentro el camino a casa con todo este gris rodeándome. Supongo que así es como suena el vacío cuando la vida ya no hace ruido. Solo hay silencio. Estoy sola. Se han apagado todas las luces, hasta ese pequeño candil que siempre está encendido por si me pierdo y cuya luz parece que siempre está buscándome. No veo nada. Me miro al espejo y prefiero, sin duda, la ira. Prefiero sentir y romper con todo para limpiarme. Miro mis manos... Me estoy convirtiendo en lo que odio. Empieza la metamorfosis y mi alma cambia y siente cada eslabón de la cadena que la ahoga sin saber de dónde ha salido esa cosa metálica ni si la sujeta alguien. Quizás mi luna llena fue un punto de inflexión que no acierto a recordar. Quizás fueron varios puntos de inflexión que me hicieron perder la cordura. No me di cuenta, no vi que las personas que caminaban conmigo estaban desapareciendo y que el suelo volvía a absorber mis pies.
Este momento de mi vida se ha convertido en un espectáculo cruel y me ha arrastrado al escenario en contra de mi voluntad. Hoy mis demonios se atrevieron a salir a bailar. Hubo un momento en que jamás miraba atrás si no era para agradecer lo que hoy era. Hubo un tiempo en que fui feliz y estable. Jamás me habría abandonado así... Yo no. Se ha apagado la voz de la infancia, de las aventuras que ocurrían en mi mente con buena música en mis oídos, de las cervezas al sol, de los viajes no corporales en momentos conmigo misma... Necesito a la chica que no se rendía jamás.
¿En qué momento me perdí?