Carta a mis enemigas

mayo 31, 2022

Hoy quiero cerrar una herida devolviéndole la mirada al vacío, quizás para demostrarme a mí misma que no puedo arreglar las cosas, pero que sí puedo hacer que se calmen dentro de mí. Hoy quiero que se haga cicatriz lo que creía que ya lo era. Hoy quiero entrar en el castillo armada con una flor y liberar al dragón en lugar de darle muerte. Hoy me gustaría escribiros como a mis queridísimas enemigas. 

Las cosas buenas vienen de tres en tres, pero nadie te avisa de que esto solo es una frase. Me la jugué y me salió mal, pero mi corazón sigue vivo porque la vida también vibra al estrellarse contra la pared. Mi piel está hecha de calor, la vuestra de acero. Mis sueños de algodón, los vuestros de ceniza. Hubo un tiempo en que el universo retorció la propia naturaleza de las cosas para que pudiéramos encajar y reír por la misma broma, para que pudiéramos bailar y que pareciera que escuchábamos la misma música. Teníais la sonrisa bonita, llena de besos que aún no nos habíamos dado y llena de historias que para mí se quedan. Y el corazón... lleno de hollín que salía por vuestra boca. Me llenasteis los ojos de noviembre y su agradable frío y me hicisteis un nudo en la garganta con sabor de febrero. Vuestras bocas siguen en mis recuerdos, vuestras manos también, y probablemente todo lo que os gusta o lo que dijisteis aquel día. Y no me malinterpretéis, no me duele. Ya no. Sin embargo hoy he querido lanzar un grito al abismo y ahogar el eco que siempre me devuelve. 

Y por eso hace tiempo que las tres furias se apagaron. Y por eso escribo esta carta a mis queridas enemigas, a mis más estimados sueños a la mitad. Porque las cosas sin acabar hacen enfermar al corazón y crean interrogantes que se cuelan por los cristales agrietados de mi habitación. Porque el vacío que me devolvía la mirada me recuerda mucho a seis pupilas que con atención antes miraba. Mentiras de color marrón, verdoso, gris. Hubo un tiempo en que mis manos cogieron las vuestras sin miedo de tocar lo inerte y con la seguridad de que no sería para siempre. Aunque me temo que yo creí de algún modo que podría durar. Mi sonrisa estaba hecha de la luz que se refleja en el agua, centelleando, y la vuestra escondía un telón que a menudo se cerraba sin aplausos. Y seguro que la esencia de mis labios sigue pegada en ese telón. 

Fue como un sueño echar la cabeza en tu pecho vacío de todo lo que el mío alberga. Fue un cuento de hadas oler tu colonia y el olor de tu propio cuerpo buscando el mío. A veces, sigo volviendo atrás cada vez que un trozo de hielo me roza la piel y vuelvo a sentir el agradable frío de noviembre colándose por mis comisuras. Me gustó escuchar tu corazón latir porque, a pesar de todo, también eres humana. Si tus ojos mentirosos no hubieran sido un laberinto y la punta de tu lengua no hubiera estado mojada en veneno... Hoy, he querido despedirme de mis sueños perdidos. Otra vez. La oscuridad que lleváis bajo las costillas no me dejó permanecer más tiempo mirando al vacío. Nunca quise seguir perdida en mitad de la niebla sin ver tan siquiera mis propias manos. Siempre necesité un poco de vida, pero a día de hoy sigo sin saber muy bien de qué estáis hechas. 

Hay quien cuenta hasta tres para calmarse y hay quien cuenta tres errores para aprender. Tres increíbles errores que, a veces, sigo recordando.

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