Arcoíris

mayo 31, 2022

Hace tiempo miraba al espejo y veía a una persona de dudosas intenciones. No sabía si podía confiar en ella porque no me terminaba de gustar, no emanaba luz y, sin embargo, tenía muchos rincones bañados en sombras. No importaba qué gesto tuviera ni qué movimiento hiciera, no había seguridad en ella. Y a pesar de todo eso, esa figura seguía ahí cada vez que yo clavaba los ojos en el espejo. Nunca se iba y nunca iba a hacerlo. Fue entonces cuando aprendí que se pueden arreglar muñecas rotas, que se pueden corregir los gestos torcidos y que las cicatrices son pentagramas con las notas de una canción del pop más vivo de los 80. Un día volví a mirar hacia el espejo y esa figura me devolvió la mirada. Una chica guapa y un chico guapo que me miraban con seguridad, con ganas y con deseo. Desde entonces, siempre veo esa mirada... Cada vez que busco mi reflejo. 

Hacía mucho que nadie me seducía así, recorriéndome con la mirada como si cada parte de mi cuerpo fuera de un sabor diferente e irresistible. Ese chico tan guapo me está mirando y yo estoy dejándome descubrir. Ya no es una figura con sus rincones ensombrecidos lo que veo; emana tanta luz que puedo ver con claridad de qué están hechos sus sueños. Y fue por aquellos días en los que aprendí que podía ser lo que quisiera, fue por todas las identidades posibles dentro de mí, fue por aquella amistad que una noche de verano me confesó que también veía a la chica y al chico del espejo. Por todo esto empecé a ver más allá de mí y de las identidades limitadas que este mundo me ofrecía, un mundo que se me quedó pequeño y que reinventé de la mano de almas como la mía. 

Mírales, mírame; brillamos con luz propia y somos quienes queremos ser. Cada vez que reconozco esta sensación en alguien más, caigo sin remedio en su hechizo y vuelta a empezar. No soy mujer ni soy hombre, soy los dos y no soy ninguno. Mi luz es de muchos colores y lo que hay entre mis piernas solo tiene un nombre: el tuyo. Mi auténtico yo me pedía salir a martillazos y yo solo escuchaba el eco de unos golpes que sonaban lejanamente encerrados. Pero fue suficiente. Comencé a volar, y lo hice tan alto que pude visitar el principio y el final del arcoíris, al que le tomé prestados seis colores para adornar mi traje y para pintar mis alas. 

Yo solo soy yo, y me gusta ser yo contigo. Así que dime, ¿te gustaría que fuera tu chica o tu chico?

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