Pages

  • Inicio
  • Sobre mí

Los ojos son ciegos, hay que buscar con el corazón

    • Última entrada
    • Entrada más antigua
    • Instagram

     Lo que tiene que ser será igualmente. 


    Comprendí el significado de esta frase hace no mucho. Al principio, parece algo que todo el mundo entiende, algo que han visto en las películas y que digieren sin problema para luego plasmarlo en Instagram. Sin embargo esta frase esconde un significado mágico que explica el funcionamiento del mundo y creo que no muchas personas se han percatado. 

    Bajo mi punto de vista, lejos de haber un destino escrito por algún ser divino que se vaya a cumplir, las cosas tienen su plan y se van desarrollando entorno a su propia naturaleza. Cada cosa está asentada sobre unos cimientos cuya naturaleza determina cómo va a ser todo. Las energías conviven y se entrelazan dependiendo de su naturaleza y es determinante que sean semejantes. Cuando encuentras una energía, una realidad parecida a la tuya es cuando empiezas a formar vínculos. Y ahí es cuando no se puede evitar que lo que tenga que pasar, pase, y lo que tenga que ser, sea. 

    He sentido la química y la fusión con almas parecidas a la mía... A veces, idénticas. Y es algo que no se tiene que rescatar ni empujar de ninguna manera. Quieras o no, la conexión nace, se produce, y las cosas empiezan a encajar bajo ese plan secreto. Ruedan en cualquier dirección, pero lo importante es que no se detienen porque han nacido de la manera más genuina que existe y eso es de lo que están hechos los vínculos. Y esa es, además, la explicación de por qué algo perdura en el tiempo. Las personas se encuentran y sus energías conviven, bailando al son del sonido que hacen los engranajes al encajar. Las historias que nacen solas, solas avanzan y solas se mantienen. 

    Y por esto es tan poderosa aquella frase, porque explica muchísimo más de lo que en un principio se ve, porque habla de lo inevitable, de aquello que, si se da, ya nadie lo puede parar. Yo he sentido la química y la conexión que nacen de una mirada o de un pensamiento y a día de hoy no he descubierto nada con una fuerza semejante. Hoy puedo entender la ley de la atracción. Por fin puedo comprender hasta qué nivel lo semejante se atrae y hasta qué punto lo que tiene que ser, será. 

    Yo seguiré siendo con lo que estoy destinada a ser, seguiré sonriendo con quien esté destinada a sonreír y seguiré encontrando a quienes están destinados a encontrarse conmigo, pues el destino no es un libro escrito hace milenios, sino la naturaleza encontrando el lugar perfecto en el que fusionarse con la vida.

    Continue Reading

    Muchas personas dicen que prefieren morir de pasión que de aburrimiento, y es fácil entender por qué. La vida trata de dar lo que eres, y si eres mucho, vas a tener mucho para dar. La intensidad no tiene por qué ir de la mano con la larga duración, porque, a veces, ser intensa y breve deja una huella más profunda en la nieve. 

    Hay momentos en los que puedes enamorarte dos minutos y después continuar con tu vida; oler a la otra persona, besarla, acariciarla, tocarla, abrazarla... Darle todo lo que llevas siempre contigo y después... ya está. Un trozo pequeño de ti que conserva todo el sabor y que, sin duda, va a dejar mucho rastro. Hay historias de amor que duran dos minutos, y se ha escrito más sobre ellas que sobre los matrimonios. 

    Vivir con intensidad no es vivir en una obra dramática sin fin, sino saber dar lo mucho que eres en trocitos y, en ocasiones, en porciones más grandes y duraderas. Y cuando pasa el tiempo la huella sigue en la nieve y recuerda a todo el mundo que alguien pisó realmente fuerte.

    A veces, los momentos se vuelven tan estrechos que la pasión y la intensidad explotan y arrasan todo a su paso. A veces no queda sitio para la moral porque lo único racional es tomar esa porción que se te está entregando y disfrutarla asumiendo las consecuencias de tocar algo auténtico con las manos. La vida no elige cuándo manifestarse en su más divina forma, por ello siempre nos da las mismas dos opciones: o la tomas, o lo lamentas.

    Algunas personas afirman que hay tiempo para todo cuando lo cierto es que ya no tenemos tiempo para fingir la vida. Sentarse frente a una estatua con la esperanza de que se mueva amarra el corazón a un sitio y a un minuto concreto y lo priva de la intensidad. Una estatua es una estatua y no se moverá, y quien espera lo que sabe casi con certeza que no le va a llegar se condena a dar lo que es a una figura de mármol inerte que no aprueba ni desaprueba, que no asiente o niega. La intensidad solo se entiende entre más intensidad, y lo inerte es lo contrario a esta.

    Si alguna vez te encuentras con alguien así, alguien que es mucho, que lleva mucho y que da mucho, puede que te asustes al principio. Y no por su intensidad, sino porque seguramente no creerás que sea real. El miedo a algo que sabes que te va a encantar podrá contigo y entonces, y solo entonces, lejos de hacerte huir... te entregarás. Porque hay aventuras que empiezan con un poco de miedo, pero es ese tipo de miedo que hace temblar tus raíces para que tus pies se muevan de nuevo.

    La intensidad también tiene el poder de emborronar canciones y darles otro significado. Cuenta con una magia genuina capaz de sobreescribir recuerdos y reubicarlos en el corazón; un lugar doloroso se convierte en el nuevo Bosque de los Cien Acres, una canción rota se vuelve amable y te acompaña con nuevas imágenes dentro de tu cabeza, una hoja recién caída en otoño se convierte en el símbolo más auténtico de la fuerza interior.

    Y así, divagando, diría que doy la razón a quienes morirían de pasión, porque lo cierto es que ya no nos queda tiempo para aburrirnos, para fingir y para besar de mentira. 

    Continue Reading

    La vida no para por mucho que nos esmeremos en que lo haga. No espera a nadie, y es inevitable que vaya pasando mientras nosotras hacemos eso: vivir. Sé que hay personas con las que la vida no pasa sin darme cuenta. Cada minuto lo aprovecho, cada instante, lejos de hacerse corto, se hace largo y feliz. Es curioso esto... ¿No se supone que el tiempo es, a conciencia, inversamente proporcional a los momentos en los que más felicidad sientes? Yo no sé mucho, pero puedo afirmar con seguridad que hay personas con las que el tiempo pasa más lento y más feliz. Estas personas de las que hablo saben cómo vestir tu alma y suben el volumen al ruido que hace la vida como si llevaras unos cascos permanentes que se activan para alimentarte solo de cosas buenas. Con ellas, la vida no pasa en vano, los días no pasan sin que te des cuenta.  Y cuando se acaba el día y hemos vuelto a casa, yo pienso en que no se me ha pasado rápido, pienso que estoy agotada de lo bueno y que me agotaría mil veces. Me dejan exhausta de felicidad, jadeando notas musicales a cada paso que doy. Y puede parecer una tontería, pero con ellas no consigo haberme lavado el pelo y que, de repente, hayan pasado dos días y tenga que volver a lavármelo. De esto que dices: "¡Joder, pero si me lavé el pelo hace nada! ¡Cómo vuela el tiempo!". Esa es la cuestión. Si tienes personas así, sabes que el tiempo a su lado no tiene alas. ¿Cómo puede algo bueno no ser breve? Yo no sé mucho, pero ahora he descubierto que es posible.

    Algo ordinario se puede convertir en lo más divertido que he hecho en meses. Cualquier pueblo pequeño se convierte en capital si te tengo conmigo y esa esquina donde a veces nos sentamos a hablar de cómo nos va puede ser un parque de atracciones si la miras con los ojos adecuados. No parece la misma esquina porque no lo es. Por donde vamos pisando, crecen todo tipo de plantas y colores que emiten sonidos que toman forma de melodía. Pasear a temperaturas bajo cero se nos olvida y da igual el tiempo que haga fuera, porque dentro de nosotras es primavera. Tampoco sabía que las personas pueden florecer más allá de una metáfora de crecimiento. 

    Cuando pasa esto, cuando subimos volumen a las cosas que nos hacen felices y hemos convertido la ciudad en capital, entonces el tiempo pasa más lento, pero más intenso. Y es en ese momento cuando me hacéis saber que la vida no pasa en vano, que me estáis llenando como si fuera un baúl de cosas que me gustan para llevármelas conmigo en esta vida y en la siguiente. Las personas que saben vestirte el alma son capaces de conseguir que no vuelvas a sentir frío y que, si lo sientes, tengas un abrigo de recuerdos, lugares, olores, besos, imágenes grabadas a fuego y canciones que te arrope siempre. 

    Yo creo que el tiempo rara vez pasa en vano. Lo que damos es muy poderoso, y aunque a veces hayamos escuchado eso de que el tiempo que dedicas a alguien no se recupera, yo pienso que sí. Regalas tiempo y te lo regalan a ti. Impregnarte en las personas debe ser algo así: jadear de puro agotamiento de felicidad y estar tan llena de amor que se te salga por los ojos.


    Continue Reading

    Camino a casa procuro no pisar las rayas de las baldosas, ni tampoco los límites de las aceras. Soy un poco maniática, pero por alguna razón me gusta. Llevo las manos en los bolsillos, apretando la barbilla contra mi pecho como única defensa posible ante el frío. Saco una de mis manos y agarro el cuello de mi chaqueta, acercándolo a mi nariz. Tu colonia es la prueba de que hoy he sido culpable de muchas cosas. Sonrío.

    Mis comisuras se elevan y yo no puedo hacer nada. Aún tiemblo si dejo que el recuerdo de mi propia voz jadeando vuelva a mi cabeza. No sé qué me has hecho, pero quiero más de ti. Quiero comerte al más puro estilo caníbal que pueda soportar mi boca. Voy caminando por la calle, pero en realidad no estoy aquí. Estoy en ese momento en el que has decidido agarrar mi ropa para acercarme a ti con la fuerza justa, con esa fuerza que no llega a hacer daño pero sí a nublarme la mente. El momento en el que has tomado mi cuerpo para ponerlo junto al tuyo y resolver esto entre la pared, tú y yo. La sensación que tengo en esos segundos es tan intensa que no consigo explicarme cómo he podido llegar a ponerme así con solo un movimiento. Nos estamos mirando como dos cómplices y el ambiente cambia, se transforma; está pasando algo. Casi me evaporo. Noto cómo tu piel ha llegado a su punto de ebullición y quiero llevarte al siguiente nivel.

    Sé que ya no tenemos remedio en el instante en el que me acercas a ti y mi boca queda a merced de la tuya. Separo ligeramente los labios para poder dejar salir el aliento que arde en mi paladar. Mi nariz está ligeramente por encima de la tuya. Se tocan y... estás... ¿sudando? ¿Esta capa fina que hace que brille la punta de tu nariz es sudor o es vaho? La cosa se pone interesante y yo comienzo a arder también. No sé en qué momento me rendí y abandoné la poca voluntad que me quedaba dentro, pero verte sonriendo con tu boca entreabierta tan cerca de mí me descontrola. Estoy experimentando mi propia luna llena.

    Sigues agarrando mi chaqueta con la misma mano y cuelas la otra por debajo de mi jersey. Puedes notar mi calor y mi piel ardiendo y se te cambia la cara por completo. Pareces una depredadora disfrutando con la desesperación de su presa. Juegas con tu boca, acercándola cada vez más a la mía apenas rozando mis labios. Y es ya cuando consigues que pierda el control. Mi contador ha llegado a cero. Me lanzo sin remedio a por ti porque no quiero besarte, quiero devorarte. Mi boca entra en la tuya con esa fuerza con la que tú me agarraste antes y levanto la cabeza, dejándote claro que voy a llevar el ritmo. Apuro los movimientos suaves pero salvajes con mis labios, aún no quiero que notes mi lengua. Pero yo sí que noto la tuya buscándome desesperadamente. Me separo un poco para traerte hacia mí. Bajas la guardia y yo aprovecho para meterme más en ti. Mi lengua encuentra la tuya y comienzo a chuparla muy despacio a la vez que te agarro de la mandíbula con firmeza. Has relajado todo tu cuerpo, tus movimientos provocadores de antes se han convertido en un mar calmado que espera que alguien se bañe en él. Supongo que no te esperabas esta vuelta de guión.

    Deslizo mi mano bajo tu ropa, noto tu vientre y tu cintura. Estás muy caliente, lo noto por todo tu cuerpo. Sigo comiéndote la boca como si tuviera una sed infrenable de ti y mi lengua sigue batallando con la tuya. Tienes el pulso acelerado, cada vez respiras más rápido y yo me estoy derritiendo. Parece como si me bailaras despacio... Estamos teniendo uno de los mejores sexos sin quitarnos ni una prenda de ropa. Noto que mi respiración no da a basto entre comerte entera y jadear. Vuelvo a separarme levemente y tú me sigues al instante. Quieres más. Aunque no digas ni una palabra yo escucho atentamente a tu cuerpo, que cada vez me da más evidencias.

    Nos hemos ido, hemos salido de este mundo y ahora vivimos en una burbuja en la que ya no hay sitio para la moral. No existe lo de fuera, no veo nada que me recuerde a los momentos anteriores a que me agarrases de la chaqueta. Solo existes tú, solo existo yo y lo que quiero hacerte y que me hagas. Me agarras fuerte del cuello, como yo a ti de la mandíbula y bajas la otra mano a mi cinturón, colando los dedos por dentro para tirar de mí y atraerme aún más a ti. Si seguimos así, no va a quedar pared que evite que nos tumbemos en el suelo y demos fin a este frenesí. Y a pesar de estar como un animal, aún tengo tiempo para jugar y separo un poco mi boca de la tuya, mi nariz de la tuya, mi cara de la tuya. Tú sigues mi ritmo y vienes a buscarme de nuevo, pero te lo impido con la mano que tengo agarrándote del cuello. Subo un poco mi dedo pulgar y aún pegada a ti te acaricio los labios mojados que se te han quedado. Me vuelvo a lanzar y muerdo tu labio inferior con la fuerza justa para hacer que te estremezcas en un grito ahogado, pero sin hacerte daño. Y vuelve la guerra contra la pared. Y vuelvo a chuparte la lengua y tú me respondes con la misma intensidad. Estoy perdiendo la cabeza lentamente. 

    Y recuerdo lo que precedía a todo esto, las miradas entre las dos cuando aún había gente delante que nos frenaba. Tus ojos ya me estaban advirtiendo de lo que venía, ahora lo entiendo. Y aquí estoy, incapaz de dejar de comerte la boca porque me encanta tu sabor. Estoy segura de que en unos momentos vamos a empezar a romper el silencio en el que solo se camuflan nuestras respiraciones, cada vez más intensas... Te beso el cuello, amagando mordiscos que nunca llegan a marcarte. Subo hasta tu oreja y ahí está: tu voz. Te he oído y quiero volver a oírte, pero en un arrebato de, ¿búsqueda de igualdad de condiciones?... tú me vuelves a agarrar con fuerza, esta vez más imponente que antes, y cambias tu posición con la mía, pero me dejas de cara a la pared. Ya no puedes más y procuras que me llegue el mensaje. Metes tu pie en medio de los míos y los separas. No sé en qué momento, pero tu mano derecha se ha vuelto a colar debajo de la ropa y me agarra firmemente uno de mis pechos, masajeándolo. Paras solo un segundo para jadear en mi nuca. Necesitas un respiro para no follarme ahí mismo, aunque de poco te sirve. Tu mano izquierda se va a mi mandíbula y a mi boca, tapándola parcialmente, y me obligas a echar la cabeza hacia atrás. Me muerdes el cuello con fuerza. Yo no me lo esperaba y grito, pero tú te adelantas y me tapas la boca totalmente. Tu mano derecha sigue acariciándome entera y cada vez me noto más caliente. Llevo bastante rato mojada, probablemente desde aquellas miradas, pero ahora es brutal porque siento que si me tocas voy a pasar a estado líquido por completo. 

    No sé si me estás leyendo la mente porque has bajado tu mano derecha a mis pantalones. Juegas conmigo, me acaricias el cinturón y vacilas y amagas. Y sí. Y no. Y metes la mano. Pero... no... del todo... Me estoy volviendo loca. No aguanto más. —Métela. Me vas a seguir torturando, así que acabo pidiéndotelo. —¿Qué has dicho? Dios mío, no te estoy viendo, juraría que has sonreído. Estás disfrutando de mi desesperación más de lo que yo creía. Intento girar la cabeza para mirarte y me encuentro con tu boca pegada a mi mejilla. Efectivamente estás sonriendo. Entrecierro los ojos, castigándote con la mirada. A este paso voy a odiarte como no metas la puta mano en mis... 

    Y ahí estás. En un movimiento inesperado y suave bajas tu mano por mi vientre hasta mi ropa interior. Me tocas por encima y notas lo mojada que estoy. Resoplas y a mí me encanta. Hundes tu cabeza en mi espalda, entre mis hombros, y vuelves a echar el aire mientras mueves tus dedos. Apenas me rozas, es algo muy suave y placentero. Joder, lo haces muy bien... Yo no puedo reprimirlo más y finalmente junto con fuerza mis labios y gimo con la boca cerrada. Mi voz suena grave, no muy alta, pero lo suficiente intensa como para que cualquiera que pase por la zona nos haya oído. Aumentas la velocidad y yo me estremezco. Por un momento, he estado a punto de desplomarme pero tú me estás sujetando firmemente contra la pared. Dejo un rastro de vaho y sudor que no paro de restregar contra mi frente para calmarme un poco. Sin éxito, obviamente. Esta situación me está superando. Tú me estás superando. Finalmente me doy la vuelta porque quiero mirarte a la cara cuando me toques por dentro. Me desabrochas el cinturón y el pantalón para tener más movilidad y vuelta a empezar, pero ya no vacilas, ya no juegas. Metes tu mano por dentro de mis bragas y empiezas a tocarme. Puedes notar lo empapada que estoy y...

    —¡Joder! He doblado la esquina que me lleva directamente a mi calle y me he tropezado con un hombre. Qué susto. Y qué manera de sacarme de mi fantasía. La realidad me ha agarrado de los pies y me los ha puesto sobre el suelo de un golpe. El corazón me late muy rápido, entre mis pensamientos y el susto que este tío me ha dado... —Maldita sea... En fin, supongo que más tarde seguiré pensando en ello y volveré a coger el cuello de mi chaqueta para iniciar otro flashback. Esto que hemos vivido quiero vivirlo otra vez.

    Por cierto, me encanta tu colonia.


    Continue Reading

    Supongo que así es como me veo. A veces no soy capaz de distinguir la felicidad ni aunque la tuviera delante en forma de mariposa. Supongo que esa es la visión que tengo de mí: una chavala con una vena cruel escondida a la que da rienda suelta con quien menos se lo merece, una niña a la que le molestaba todo tipo de parejas por el hecho de no tener una, un recipiente que a veces alberga un cóctel entre ira y envidia, el reflejo legítimo y absoluto de un fracaso que aún es muy joven para haber vivido pero que siente muy cerca por su actitud fatalista. 

    Supongo que me veo como esa que señala a otra persona cuando ve sus defectos para creerse mejor por haberlo hecho. Supongo que he aprendido a poner límites agresivamente y a enseñar los dientes cuando me están dando la mano porque no sé gestionar mi propia ira. Me veo como una lámpara con un genio maligno dentro, o más bien un genio incomprendido al que le falta algo y culpa a los demás por ello. Creo que es así como me veo cuando mi ira sale por mi boca, mis ojos y por la punta de mis dedos sin control alguno. A veces camino por la calle y aprieto un puño sin darme cuenta y se me acelera el corazón. A veces solo necesito que me den una buena razón para pelear y hundir ese puño apretado en el estómago de alguien, aunque me lo rompa. 

    ¿Qué está mirando ese? ¿Es gilipollas o es que se cayó de la cuna cuando nació? Como siga mirándome voy a decirle cuatro cosas. ¿Y este subnormal que me está vacilando en un puto videojuego? Ojalá esta noche se caiga por las escaleras y se parta todos los dientes para el resto de su vida. Me quedaría muy a gusto. ¿Pero por qué eres tan hater, tía? ¿No te das cuenta de que son felices así? Hay que ver... Y tú, la que me ha dado un hombrazo, a ver si usas los ojos cuando caminas por la calle, pedazo de bizca. La gente parece gilipollas, os lo juro.

    El caso es que todo el mundo es gilipollas, menos yo. Me parece que esa ira es mi mayor yugo y que no sé muy bien cómo romperlo ni a qué dará lugar eso. Supongo que así es como me veo, como el odio a quien es de una manera que yo detesto ser y la envidia a quien tiene algo que yo no tengo y quiero (o necesito). Supongo que esa es mi imagen de mí... en los peores momentos.

    Continue Reading
    Newer
    Stories
    Older
    Stories

    Virginia Ayuso

    Photo Profile
    Virginia Ayuso

    Escribir para conocerme, para curar y para dar nombre a lo inefable

    Redes sociales

    • twitter
    • instagram

    ARCHIVO

    • agosto 2025 (1)
    • julio 2025 (1)
    • marzo 2025 (1)
    • septiembre 2024 (1)
    • marzo 2024 (1)
    • octubre 2023 (2)
    • septiembre 2023 (1)
    • julio 2023 (4)
    • junio 2023 (2)
    • mayo 2023 (2)
    • mayo 2022 (7)
    • marzo 2022 (3)
    • enero 2021 (1)
    • julio 2020 (2)
    • junio 2020 (1)
    • marzo 2020 (2)

    Created with by BeautyTemplates | Distributed By Gooyaabi Templates

    Back to top