Cuando es primavera en la capital
marzo 01, 2022La vida no para por mucho que nos esmeremos en que lo haga. No espera a nadie, y es inevitable que vaya pasando mientras nosotras hacemos eso: vivir. Sé que hay personas con las que la vida no pasa sin darme cuenta. Cada minuto lo aprovecho, cada instante, lejos de hacerse corto, se hace largo y feliz. Es curioso esto... ¿No se supone que el tiempo es, a conciencia, inversamente proporcional a los momentos en los que más felicidad sientes? Yo no sé mucho, pero puedo afirmar con seguridad que hay personas con las que el tiempo pasa más lento y más feliz. Estas personas de las que hablo saben cómo vestir tu alma y suben el volumen al ruido que hace la vida como si llevaras unos cascos permanentes que se activan para alimentarte solo de cosas buenas. Con ellas, la vida no pasa en vano, los días no pasan sin que te des cuenta. Y cuando se acaba el día y hemos vuelto a casa, yo pienso en que no se me ha pasado rápido, pienso que estoy agotada de lo bueno y que me agotaría mil veces. Me dejan exhausta de felicidad, jadeando notas musicales a cada paso que doy. Y puede parecer una tontería, pero con ellas no consigo haberme lavado el pelo y que, de repente, hayan pasado dos días y tenga que volver a lavármelo. De esto que dices: "¡Joder, pero si me lavé el pelo hace nada! ¡Cómo vuela el tiempo!". Esa es la cuestión. Si tienes personas así, sabes que el tiempo a su lado no tiene alas. ¿Cómo puede algo bueno no ser breve? Yo no sé mucho, pero ahora he descubierto que es posible.
Algo ordinario se puede convertir en lo más divertido que he hecho en meses. Cualquier pueblo pequeño se convierte en capital si te tengo conmigo y esa esquina donde a veces nos sentamos a hablar de cómo nos va puede ser un parque de atracciones si la miras con los ojos adecuados. No parece la misma esquina porque no lo es. Por donde vamos pisando, crecen todo tipo de plantas y colores que emiten sonidos que toman forma de melodía. Pasear a temperaturas bajo cero se nos olvida y da igual el tiempo que haga fuera, porque dentro de nosotras es primavera. Tampoco sabía que las personas pueden florecer más allá de una metáfora de crecimiento.
Cuando pasa esto, cuando subimos volumen a las cosas que nos hacen felices y hemos convertido la ciudad en capital, entonces el tiempo pasa más lento, pero más intenso. Y es en ese momento cuando me hacéis saber que la vida no pasa en vano, que me estáis llenando como si fuera un baúl de cosas que me gustan para llevármelas conmigo en esta vida y en la siguiente. Las personas que saben vestirte el alma son capaces de conseguir que no vuelvas a sentir frío y que, si lo sientes, tengas un abrigo de recuerdos, lugares, olores, besos, imágenes grabadas a fuego y canciones que te arrope siempre.
Yo creo que el tiempo rara vez pasa en vano. Lo que damos es muy poderoso, y aunque a veces hayamos escuchado eso de que el tiempo que dedicas a alguien no se recupera, yo pienso que sí. Regalas tiempo y te lo regalan a ti. Impregnarte en las personas debe ser algo así: jadear de puro agotamiento de felicidad y estar tan llena de amor que se te salga por los ojos.
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