Historias de dos minutos
marzo 01, 2022Muchas personas dicen que prefieren morir de pasión que de aburrimiento, y es fácil entender por qué. La vida trata de dar lo que eres, y si eres mucho, vas a tener mucho para dar. La intensidad no tiene por qué ir de la mano con la larga duración, porque, a veces, ser intensa y breve deja una huella más profunda en la nieve.
Hay momentos en los que puedes enamorarte dos minutos y después continuar con tu vida; oler a la otra persona, besarla, acariciarla, tocarla, abrazarla... Darle todo lo que llevas siempre contigo y después... ya está. Un trozo pequeño de ti que conserva todo el sabor y que, sin duda, va a dejar mucho rastro. Hay historias de amor que duran dos minutos, y se ha escrito más sobre ellas que sobre los matrimonios.
Vivir con intensidad no es vivir en una obra dramática sin fin, sino saber dar lo mucho que eres en trocitos y, en ocasiones, en porciones más grandes y duraderas. Y cuando pasa el tiempo la huella sigue en la nieve y recuerda a todo el mundo que alguien pisó realmente fuerte.
A veces, los momentos se vuelven tan estrechos que la pasión y la intensidad explotan y arrasan todo a su paso. A veces no queda sitio para la moral porque lo único racional es tomar esa porción que se te está entregando y disfrutarla asumiendo las consecuencias de tocar algo auténtico con las manos. La vida no elige cuándo manifestarse en su más divina forma, por ello siempre nos da las mismas dos opciones: o la tomas, o lo lamentas.
Algunas personas afirman que hay tiempo para todo cuando lo cierto es que ya no tenemos tiempo para fingir la vida. Sentarse frente a una estatua con la esperanza de que se mueva amarra el corazón a un sitio y a un minuto concreto y lo priva de la intensidad. Una estatua es una estatua y no se moverá, y quien espera lo que sabe casi con certeza que no le va a llegar se condena a dar lo que es a una figura de mármol inerte que no aprueba ni desaprueba, que no asiente o niega. La intensidad solo se entiende entre más intensidad, y lo inerte es lo contrario a esta.
Si alguna vez te encuentras con alguien así, alguien que es mucho, que lleva mucho y que da mucho, puede que te asustes al principio. Y no por su intensidad, sino porque seguramente no creerás que sea real. El miedo a algo que sabes que te va a encantar podrá contigo y entonces, y solo entonces, lejos de hacerte huir... te entregarás. Porque hay aventuras que empiezan con un poco de miedo, pero es ese tipo de miedo que hace temblar tus raíces para que tus pies se muevan de nuevo.
La intensidad también tiene el poder de emborronar canciones y darles otro significado. Cuenta con una magia genuina capaz de sobreescribir recuerdos y reubicarlos en el corazón; un lugar doloroso se convierte en el nuevo Bosque de los Cien Acres, una canción rota se vuelve amable y te acompaña con nuevas imágenes dentro de tu cabeza, una hoja recién caída en otoño se convierte en el símbolo más auténtico de la fuerza interior.
Y así, divagando, diría que doy la razón a quienes morirían de pasión, porque lo cierto es que ya no nos queda tiempo para aburrirnos, para fingir y para besar de mentira.
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