Una vez en diciembre

julio 02, 2023

No pienses que te dejaré robarme el tiempo, porque si de algo no voy sobrada, es de eso. No creas que voy a dejarte entrar para supervisar mis pasos o apretar el nudo del lazo que adorna mi pelo. No era eso lo que imaginaba ni es un yugo lo que quiero vivir con intensidad. 

A veces, puedo resultar distante e incluso áspera para quien me saborea, pero solo me estoy protegiendo por si vuelven a romperme el hielo de un golpe en lugar de esperar a que ceda. Y no, nunca he sido fría; para frío, ya tengo bastante con mis manos cuando no es verano en la boca de mi estómago. No me gustan las personas frías ni los sentimientos en blanco y negro, yo vivo a todo color con seis de los colores que componen el arcoíris. 

Tengo un corazón que alimentar y que late con fuerza, que ansía pegarse a otro pecho y comprobar que hay más como él. Ahora todo cuadra, porque las manos frías coexisten con corazones calientes que impiden que el cuerpo vuelva a congelarse. Y por mucho que vengas junto a mí cuando llegue diciembre, me gustaría que fuera un beso tuyo lo que me sorprendiera y no una tormenta de granizo en plena primavera. Sé que puedo caminar, pero no quiero resbalarme otra vez en el hielo. No concibo el amor de color gris ni los besos que saben a escarcha. Porque esa gente tan feliz son referentes para mí y porque el pecho no es lugar para albergar tanto frío. Sin embargo, para que alguien pueda descongelarse al final del cuento, ha debido de estar helada antes. Nunca he llevado bien los meses como diciembre y enero, y creo que por eso mis manos cargan con todo el frío que mi corazón ya no acepta. 

Intenté ser distante y misteriosa, una persona hecha de invierno... Y no me gustó nada. Pensaba que eso era ser valiente, creía que así me querrían y me querría más. Tuve una idea equivocada del éxito y traté de darle la vuelta a mi corazón faltando a la verdad. Intenté muchas veces verme en blanco y negro mientras que agosto gritaba desde mis entrañas. Yo no soy esa persona misteriosa e idealizada, a mí me gustan las flores y el sonido de una guitarra, me gusta hablar de emociones y llorar viendo dramas. Me he quitado el traje, ya no tengo más disfraces. Me protegeré sin alejarme, me salvaré sin encerrarme; esta vez no habrá torre ni dragones. Me basta con haberme enfrentado al dolor para reconocerlo en los ojos de otros y también en los míos. Una vez en diciembre... Me basta una y para siempre.

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