Donde los sueños nunca se cumplen

julio 02, 2023

Esta vez no vengo a disparar a bocajarro mi poesía en el papel, porque no me interesa adornar con símiles el nudo que me aprieta la garganta. Quizás me salte alguna coma, pero solo quiero hacer un agujero para que la jarra gotee y poco a poco se vaya vaciando. Necesito purificar mis ideales, bajar los pies al suelo y que, a poder ser, no me duela el golpe. Dicen que las personas que tienen carácter son las más despegadas, y es mentira. Las personas que hablan de manera pasional, aquellas a las que les pesan las palabras, las que siempre parecen enfadadas son las que más heridas están. Sufren por ser las más sensibles de todas, con todo lo que las rodea influyendo de alguna manera. Los detalles, los abrazos y la dedicación del tiempo suele ser su lenguaje del amor. Esta vez no quiero quedarme esperando a la inspiración para escribir una frase realmente buena y arrancar una sonrisa mental a quien me lee. Solo quiero vaciar aunque ya me sienta bastante vacía en realidad. 

Empiezo a preguntarme si el problema lo tengo yo, si no he hecho las cosas bien y si mi forma de entender la vida es demasiado particular para este mundo. Aunque fuera por una vez, me gustaría salirme con la mía y sentir que mis personas me necesitan. No quiero que nadie me necesite, siendo honesta, así que creo que lo único que busco es calmar esta sensación de soledad que siempre me queda al haber sido la más sensible, la más vehemente y la que más se esconde a veces detrás del humor. Acabo pagando un precio alto por querer y querer que me quieran y no debería ser así. Todo lo que funciona, funciona solo, sin empujones ni insistencias. Hay relaciones que van rodadas, como un balón cuesta abajo, y que no te sorprenden con facturas después. Hay personas que te dan amor sin condiciones, que se asoman a tu cuarto y te arropan antes de irse a dormir. Esas solían ser mis personas, pero ahora siento que no paro de mendigar su cariño porque estoy muy necesitada de él. Me alimento de los abrazos y del amor de la gente y estoy más hambrienta que nunca. Me cuesta verme de esta manera y me gustaría poder rodearme con mis brazos como ya hice antes para curarme, pero, por algún motivo, ya no me basta con mi amor propio. 

Que no te engañen, yo ya bien he aprendido que Gruñón no era el enanito más arisco, sino el más sensible y, quizás, el más inseguro de todos. Y así se cierran los círculos: las cosas no tienen por qué ser lo que parecen ni parecer lo que realmente son. Todo guarda un significado, pero hay que saber mirar para ver. 

Solo vengo a decir que esta vez me gustaría que la suerte estuviera de mi parte para quedarme con la chica, para arreglar las cosas, para que mis amigas me cojan la mano bien fuerte, para que me llamen y me digan que si yo no voy, no es lo mismo. Me gustaría que por una vez, el cuento se cerrase con un final bonito y sencillo. Con una historia del montón me valdría si eso significa no volver a perder, porque estoy cansada de eso. Intento consolarme, reconfortarme recordando que lo que doy dice más de mí que de quien lo recibe, pero a veces eso ya no basta. Estoy cansada de darlo todo y perder, y quizás soy yo la que está confundida y puede que haya cosas que se me hayan escapado, no lo sé. Puede que esté en un momento en el que sentir no me sale bien y no me acuerde de cómo se habla sin trabarme ni cómo hacer callar a los putos complejos.

Supongo que lo único que intento decir es que estoy triste y empachada de vivir en canciones y pensamientos de lo que quiero que ocurra pero nunca lo hace. Me inunda la felicidad cuando estoy con quien me mantiene el corazón caliente, pero vuelvo a sentir una indescriptible tristeza cuando llega el domingo y me voy de la capital, volviendo a este pueblo con complejo de ciudad donde mis sueños nunca se cumplen.

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