Con los ojos cerrados
mayo 26, 2023Vestiste de llamas mi cuerpo tembloroso,
abrazaste mi boca con un beso ahogado,
conquistaste mi más alta cumbre con humor improvisado.
Y todo para acabar haciéndome ver el cielo
con los ojos cerrados.
Eso podría decir, si es que
hubiera pasado.
Aunque no dejo de atribuir
sensaciones ya aprendidas
a cuerpos y rincones inexplorados.
Oscuridad es lo que veo
cuando calmo el corazón:
paisajes encantados, ritmo,
imaginación...
Sirenas y sus cantos que no
llaman a los marineros,
que llaman a otras sirenas
para hacerles el amor.
Oscuridad precediendo al sosiego
que da lugar a las historias
que solo escribiría yo.
Y quien diga que abras los ojos,
es que no ha visto con los del corazón.
Que ver en la oscuridad no es sino la capacidad
de poder vivir cuanto quiero,
aquello que aún no ha ocurrido
y no sé si ocurrirá.
Que nos quiten lo vivido,
que el olvido no sabrá
cuánto tiempo le hará falta
para borrar nuestras huellas
y tantas miradas de complicidad.
Ahora sé por qué esos abrazos
siempre calman la ansiedad,
un corazón cerca del otro
y los párpados testigos
de que nuestros ojos, sin quererlo,
se han vuelto a cerrar.
Y ahora sé por qué cerramos los ojos
también al besar:
porque la intensidad de la vida
hace camino a través de la oscuridad.
La calma para sentir,
la seguridad de no mirar,
la plenitud de ver con los ojos
cuyas cuencas adentro están.
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