La Batalla de los Tres Rostros
agosto 02, 2025Necesito que me digan "No importa lo que pase, yo estoy aquí", mientras me agarran la mano fuertemente, con firmeza; quiero que me vean llorar y me abracen al momento, haciéndome sentir que estoy en el lugar correcto; quiero que me elijan a pesar de no estar en mi mejor momento, quiero que me hagan el amor de un modo que me ponga a llorar; quiero que me alimenten la esperanza y que me vistan de colores con un "Cómo me acordé de ti".
Necesito que me vean y me recuerden que yo también valgo la pena, que hay que trenes que esperarían por mí. Me encantaría encontrar la luz en los ojos de otra persona para que se refleje en los míos ahora que están apagados, como quien enciende un cigarro con otro cuando falta el fuego.
Quiero que me desnuden y que, después de haberme visto, se desnuden conmigo; quiero que mis cicatrices sean un mero adorno, marcas de una guerra que acabé ganando. Quiero cambiar los llantos por los cantos y curarme de la punzante verdad.
Y, sobre todo, quiero reencontrarme con esa niña que nunca temió a sus propias tinieblas porque pensaba que no existían, esa a la que quizás he defraudado y ahora extraño tanto.
Cierro los ojos e intento escuchar esa voz que me calma cuando pienso que nada puede ir peor. La verdad me hizo libre, pero también me ha golpeado muy firme, implacable, como solo un concepto abstracto con tal peso es capaz de golpear.
Suenan los tambores de guerra dentro de mí, la luz que siempre he llevado conmigo pelea por seguir latiendo, pero la vergüenza, la pena y el sentimiento de terror al pensar que te pierdo son demasiado fuertes. Estoy acongojada en mi propio dolor, cerrándome en banda poco a poco y empapada de resentimiento con mis propios seres queridos.
Antes, me refugiaba en mí —y en ti— y aunque todo fuera mal o pareciese que era el fin del mundo, el mío siempre encontraba la manera de renacer entre mis propias fantasías y tu sonrisa. Ahora, no soporto estar conmigo, porque soy el recordatorio vivo de que un día te fallé y que por ello ahora te he alejado de mí. No puedo con la culpa, no puedo con el dolor, no puedo con el recelo que ha crecido en mí y con la desvinculación de las personas que yo más quería, incluyéndonos eso a las dos.
Vivo atrapada en el pasillo, mirando fotos del antes, porque ahora todo se ha tornado en un "Antes de fallarte" y un "Después de hacerlo". Suenan tambores de guerra, aunque se trate de una que, en realidad, es más silenciosa de lo que piensan. Me da miedo creer que no voy a poder levantarme si te vas de mi lado y me derrota pensar que no tengo derecho a pedirte que te quedes. Estoy aterrorizada pensando que esta brecha quizás no pueda curarse nunca.
Ojalá hubiera sabido reaccionar a tiempo y llenar el hueco de mis anhelos con mi propio poder, pero esto me ha demostrado que solo soy una persona más, una humana.
Intento acordarme de sus palabras, trato de recordar que todos cometemos errores por grandes que estos sean, pero no tengo el corazón dispuesto a sanar ni la cabeza por la labor de escucharme. No puedo perdonarme y esta vez me está costando más que nunca perderme en mis mundos de fantasía para coger fuerzas. Esta vez, siento mucho rechazo por todo lo que forma parte de mi identidad. Es jodido darse asco y vergüenza a una misma.
De esta solo me puedo levantar aceptando lo que me ha pasado, abrazando el hecho de que no soy perfecta y de que yo también soy corrompible. Creo que, al final, en esto consiste encontrar tu camino: aceptar el error que has cometido y, una vez hayas aceptado también las consecuencias, prepararte para recibir toda la luz que eso te dé. Las mayores transformaciones ocurren cuando nos creíamos perdidas, las flores también crecen en la adversidad.
Solo espero que quieras seguir aceptando mi amor y mi dedicación, que esta brecha que hoy nos separa por mi culpa se haga cada vez más pequeña con todo el empeño que yo le ponga.
La vida me ha hecho una guerrera, aunque esté exhausta de seguir luchando, y en este momento estoy librando la que hasta ahora es la batalla más importante de mi vida. Mi mayor inspiración para hacer las cosas bien eres tú, y también el espejo en el que quiero verme reflejada. Ojalá algún día halle el perdón que estoy buscando. Ojalá algún día me quite el peso de los hombros de pensar que debo ser la más fuerte, la más sabia, la más inteligente o la más carismática, y acepte de una vez que también tengo derecho a fallar y a levantarme después.
Comienza mi despertar... Poco a poco, volveré a hacerme con las ganas de vivir y bailaré con la suerte a modo de reconciliación. Ahora, estoy bajo algunas miradas, y la que más atenta me observa soy yo: desde la otra orilla, me mira con ternura mi otra versión, posa sus ojos sobre mis movimientos y apoya muda cada buena decisión. Me mira justo como quiero que me miren los demás, con esos ojos cálidos por los que asoma la comprensión. Y también me observas tú, decepcionada, esperanzada y cauta; y también os observo yo, con mis manos llenas de todas las piedras con las que me he estado tropezando. No quiero más asaltos con el destino, aunque tenga que enfrentarlos igualmente, solo quiero que la chica del espejo vuelva a abrazarme y a sostenerme como siempre lo hizo, y que aquella que es muy parecida a mí vuelva a ser feliz a mi lado.
0 comments